Ayer presentamos su escultura, hoy un impresionante retrato. Aunque la identidad de la modelo en este retrato es un misterio, Edgar Degas transmitió su carácter al capturar la pena abrumadora a la que ha sucumbido. Posicionada con la cabeza inclinada y apoyada en el dorso de su mano izquierda, parece cansada. Su expresión lánguida y sus ojos enrojecidos, junto con el brazo derecho inerte que cuelga a su lado, sugieren una enfermedad física o emocional, aunque nada en la pintura confirma la causa de su aflicción. Escondida debajo de una bata marrón y un vestido blanco, su pose es ambigua; no está claro si ella se sienta, se para o se inclina. La convaleciente da fe del interés de Degas en el mundo de las mujeres: sus características físicas y su entorno, y sus complejas condiciones emocionales y psicológicas. A diferencia de los retratos tradicionales del siglo XIX, que fueron encargados y generalmente dejaban el estudio del artista una vez terminado, esta representación de una mujer no identificada permaneció en el estudio de Degas durante al menos quince años.