El cuadro de Andreas Andersen que presentamos hoy es, francamente, biográfico. Andersen retrata a su hermano menor, de 22 años, acariciando lánguidamente a un gato adornado con un lazo, aún en la cama, mientras su presunta pareja, el artista estadounidense John Briggs Potter, se levanta y se viste. La escena es tan íntima, tan fácil de identificar y tan descarada. La belleza rubia e infantil de Hendrik; su lánguida pose de odalisca; su piel suave; y su complexión juvenil contrastan con el pelo oscuro, la barba y la postura encogida de Potter, de 30 años.
Hendrik Andersen, al igual que su hermano, nació en Noruega y acabaría trasladándose a Roma para esculpir enormes desnudos masculinos destinados a su proyecto de ciudad utópica, que nunca llegó a materializarse. Potter acabaría trabajando para Isabella Stewart Gardner (coleccionista de arte estadounidense, filántropa y mecenas de las artes) en su nuevo museo de Boston. Pero (y este es el quid de la cuestión), la relación entre ambos resulta tan natural y familiar que se perciben como personas íntimas. El hecho de que estén representados así en un cuadro de gran formato del hermano de Hendrik insinúa que no hubo ninguna vacilación a la hora de sugerir públicamente su tierna cercanía.
Presentamos la obra de hoy gracias al Kunstmuseum Basel, donde se puede ver en la exposición Los primeros homosexuales: el nacimiento de nuevas identidades, 1869-1939 hasta el 2 de agosto de 2026. Esta exposición multifacética ofrece diferentes perspectivas sobre las comunidades queer, retratos íntimos, decisiones vitales audaces, deseos velados y enredos coloniales.
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Andreas Andersen