Madame Perregaux, de Élisabeth Vigée Le Brun, es uno de los últimos retratos que la artista pintó antes del estallido de la Revolución Francesa. El cuadro representa a Adélaïde de Praël, esposa del influyente banquero y coleccionista Jean-François Perregaux, entre cuyos clientes se contaban destacados aristócratas y grandes mecenas del arte. Vigée Le Brun, una de las retratistas más destacadas del Antiguo Régimen, abandonaría pronto Francia y pasaría muchos años trabajando por toda Europa tras la transformación de la sociedad francesa provocada por la Revolución.
El retrato pone de manifiesto la elegancia y la sofisticación que la convirtieron en una de las pintoras de mujeres aristocráticas más solicitadas. Aunque la artista ya había emigrado cuando la obra se expuso públicamente, su marido, el marchante de arte Jean-Baptiste Pierre Le Brun, la presentó al Salón de 1791 en el Louvre. La pintura fue admirada por su refinamiento y sus sutiles referencias a las tradiciones pictóricas europeas anteriores.
Madame Perregaux aparece representada con gracia y elegancia teatral, ataviada con un traje de estilo recargado descrito en aquella época como "español," una referencia de moda a la pintura retratística del siglo XVII. Tanto la pose como los lujosos tejidos revelan la admiración de Vigée Le Brun por Peter Paul Rubens y la gran tradición barroca flamenca. Su decisión de ejecutar el retrato al óleo sobre tabla, en lugar de sobre lienzo, refleja también su fascinación por los antiguos maestros neerlandeses, para quienes las tablas de madera seguían siendo el soporte preferido.
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