Los artistas y coleccionistas del siglo XVIII apreciaban los bocetos al óleo, ya que veían en ellos la chispa de la primera inspiración del pintor y el rastro de la mano del artista. Esta obra terminada encarna ese ideal. La viva pincelada de Fragonard, con trazos gruesos y finos llenos de luz, ilumina la cofia de la mujer, su rostro empolvado, las flores, el vestido y el perro desaliñado. Más que un retrato, es una escena costumbrista que insinúa una historia que se desarrolla más allá del marco: una carta y un ramo de flores sugieren un intercambio secreto de afecto. El motivo de cartas de amor, apreciado por Vermeer y sus contemporáneos un siglo antes, cobra aquí nueva vida.
Hay magia en enviar algo a mano. Al igual que el pincel de Fragonard capturó una fugaz chispa de emoción, una postal escrita a mano contiene un rastro de la tuya. En estas fiestas, comparte calidez a la antigua usanza con nuestro set de postales de Navidad y periodo festivo, una colección creada para los amantes del arte que aún creen en la belleza de los gestos personales.
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