Miembro destacado del movimiento prerrafaelita, fundado en Inglaterra en 1848, Sir Edward Burne-Jones se convirtió en la década de 1860 en una figura destacada del auge del esteticismo, un movimiento que celebraba la belleza y el arte por el arte. Esta composición ejemplifica ese ethos, ya que presenta una exaltación de la belleza idealizada y alinea su atmósfera con la sensibilidad del arte victoriano tardío.
Burne-Jones minimiza el contenido narrativo al disponer en su lugar figuras poéticas y oníricas en una procesión lineal que recuerda a un friso griego. Vestidas con ropajes pseudoclásicos, las figuras que vemos evocan un mundo intemporal y mítico. Más que imitar el estilo formal del Renacimiento, Burne-Jones pretende captar su espíritu. La influencia del arte del Quattrocento, en particular de las obras maestras de Sandro Botticelli, es evidente en el énfasis que pone en la armonía decorativa y en la evocación melancólica de una época pasada.
Esta obra fue concebida originalmente como una ilustración para The Hill of Venus (La colina de Venus), una sección del poema épico de William Morris The Earthly Paradise (El paraíso terrenal), inspirado en la leyenda medieval de Tannhäuser: un caballero y poeta que encontró el Venusberg, el hogar subterráneo de Venus, y pasó allí un año adorando a la diosa.
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