En 1890, Edvard Munch, con 27 años, se alojó en Saint-Cloud, a las afueras de París. Influenciado por el impresionismo y el neoimpresionismo, pintó el río Sena durante todo el invierno y la primavera; lo capturó desde diversos ángulos y en diferentes momentos del día.
En la obra de hoy, Munch adoptó el enfoque impresionista. Destacó la superficie del río de una manera casi exagerada utilizando efectos visuales llamativos. Estructuró la composición con estrictas líneas paralelas que guían el río y sus orillas, con las que divide el plano pictórico en bandas horizontales de color. Solo unos pocos elementos (como la línea curva que conduce a un barco en el muelle, el follaje de un árbol y la sombra del tronco del árbol) rompen estas líneas rectas y controladas.
Aunque Claude Monet había empleado técnicas compositivas similares ya en la década de 1870, los paralelismos más llamativos con la pintura de Munch aparecen en obras posteriores de Gustave Caillebotte y Alfred Sisley. Esto sugiere que Munch estaba muy al tanto de los avances contemporáneos en el mundo del arte desde muy temprano.
Al mismo tiempo, Munch incorpora aspectos del neoimpresionismo, en particular del puntillismo, el método de aplicar el color en pequeños puntos o pinceladas. Esta técnica le confiere a la pintura una superficie suave, densa y unificada.
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