En 1897, Paula Modersohn-Becker escribió: "Sé que no viviré mucho, pero me pregunto ¿es algo triste? ¿Una celebración es más hermosa porque dura más tiempo? Y mi vida es una celebración, una celebración breve e intensa".
Modersohn-Becker ocupa un lugar central en la historia del expresionismo alemán. Aunque su carrera fue trágicamente breve (falleció a los 31 años por una embolia posparto), la artista dejó tras de sí una obra extraordinaria: más de 700 pinturas y alrededor de 1400 dibujos. Es especialmente famosa por sus innovadores autorretratos, entre los que se encuentran los primeros autorretratos desnudos realizados por una mujer. Muchas de estas obras exploran su embarazo, lo que la convierte en una de las primeras artistas occidentales en representar este tema.
En 1903 y 1905, viajó a París, donde conoció a artistas como Édouard Vuillard, Maurice Denis y Auguste Rodin. Allí se expuso a una amplia gama de influencias, desde los retratos de momias egipcias y la escultura gótica hasta las obras de Edvard Munch, Paul Gauguin y Vincent van Gogh. Su afán por capturar la esencia de sus temas en lugar de detenerse en los detalles superficiales la diferenció cada vez más de los demás artistas de la época, incluso de su marido, Otto. En 1906, decidida a "crear algo que fuera yo", dejó a su marido y se mudó a París. Un año después, regresó a Alemania y murió pocos días después de dar a luz a su hija Mathilde.
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