Paul Signac llegó a Noli, una pequeña localidad de la costa italiana cerca de Génova, a pie desde Saint-Tropez en el verano de 1896. Dos años más tarde, pintó su luminosa vista del cabo y su puerto, y recordó más tarde que quería llevar "cada esquina del lienzo al extremo absoluto en términos de color".
Basándose en el impresionismo e inspirado por su amigo Georges Seurat, Signac perfeccionó la pintura hasta convertirla en un riguroso sistema de puntos complementarios. Seurat había denominado a este método "divisionismo", pero se hizo más conocido como "puntillismo".
En Capo di Noli, Signac orquesta el color y la línea con una precisión calculada, ya que planeó cuidadosamente el efecto en el estudio antes de aplicarlo al lienzo. Los acantilados y el mar sirven menos como un registro natural que como un escenario para el color puro. Este uso audaz y no natural de la pintura dejó una huella permanente en el arte moderno y tuvo una influencia profunda en los fauvistas en Francia y los expresionistas en Alemania.
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